Los peces payaso

Rebosantes de actividad, los peces Payaso enriquecen de color el acuario de todos los aficionados al medio marino. Su increíble comportamiento, en simbiosis con las grandes actinias tropicales, les hace únicos dentro de la fauna marina y unos pobladores de excepción si somos los afortunados cuidadores de estas increíbles joyas del arrecife de coral.

 



Estos simpáticos peces, de los que existen innumerables especies, son muy aconsejables para su mantenimiento en acuarios de todo tipo, incluso en los que se mantienen invertebrados delicados. Suelen respetar todo tipo de anémonas, actinias y a los frágiles corales; sin deteriorar en absoluto ninguna disposición biológica que se quiera diseñar. El más popular es la especie Amphiprion ocellaris. 

Población del acuario:

Los peces payaso son aconsejables como compañeros de otros peces marinos. Sus hábitos pacíficos los hacen indicados para convivir con especies delicadas, de costumbres retraídas o tímidas.

La población del acuario es aconsejable realizarla de una sola vez, adquiriendo la cantidad de payasos que se desea mantener al mismo tiempo. Estos peces son de costumbres territoriales y se reparten el entorno del acuario según su nivel de jerarquía. Los peces de mayor tamaño y más vigorosos suelen ampliar su territorio de forma paulatina en detrimento de sus compañeros más jóvenes.

Los ejemplares dominantes eligen la zona con la anémona más grande y la periferia limítrofe a ésta como territorio propio, donde no permiten la entrada de ningún congénere de la misma especie. Los peces de un tamaño medio ocupan los espacios intermedios, en zonas donde pueden vivir otras actinias más pequeñas. Los espacios residuales de la decoración son ocupados por los peces más jóvenes o menos vigorosos. Incluso en estas zonas son molestados de forma habitual por los animales más grandes que siempre están explorando nuevas zonas del acuario.

Anémonas:

Los Amphipriones pueden vivir en un acuario sin anémonas perfectamente, aunque no muestran todo su comportamiento en plenitud, y resulta muy difícil intentar su reproducción.

Si deseamos reproducir su hábitat lo más fiel posible es necesario introducir anémonas simbióticas de la especie Stoichactis o diferentes tipos de Radianthus. Si no nos es posible, también se adaptan muy bien con actinias del Mediterráneo, Actinia equina, llegando a reproducirse con igual facilidad que en su medio original.

Actinias y peces payaso:

Es posible mantener actinias de latitudes templadas con peces payaso tropicales. Los peces payaso han desarrollado una mucosa protectora que elimina el estímulo químico en la actinia de tal forma que incluso la actinia no detecta al pez y no se cierra aunque éste se introduzca entre sus tentáculos. Los peces payaso pronto se acercarán a las actinias y comenzarán a introducir su cabeza entre los tentáculos como si de actinias tropicales se tratará. Su comportamiento llega a ser el normal incluso con actinias pequeñas.

Respecto a las anémonas del Mediterráneo, su alto poder urticante impide acercarse a los peces payaso que serían pronto inmovilizados y digeridos si cayeran al alcance de sus tentáculos. Aun así, algunas veces se puede dar el caso que algún pez payaso pase cerca de los tentáculos y algunos se adhieran a su piel. El pez, fuerte y vigoroso, no se dejará atrapar y con un impulso se soltará quedando el rastro de este encuentro en forma de rayas negras en su piel que desaparecen en un par de semanas.

Comportamiento:

La actividad diaria de estos inquietos peces se reparte entre la exploración de nuevas zonas del acuario, el mantenimiento con suma pulcritud de sus anémonas y la alimentación.

Los payasos se dedican a juguetear entre los tentáculos de las anémonas, mientras recortan un poco los brotes tiernos de las algas Caulerpa o mordisquean alguna protuberancia de la decoración donde encuentran microorganismos apetecibles para ellos.

El cuidado que prodigan a sus anémonas o actinias es realmente meticuloso. Siempre están vigilantes en mantener limpio el tronco de la anémona. Las anémonas, sobre todo en cautividad donde los niveles de sustancias no deseables aumentan demasiado en el agua, suelen producir una mucosa que se solidifica en contacto con el agua formando una especie de telilla. Cuando esta telilla es muy abundante puede llegar a perjudicar la estructura corporal del invertebrado, llegando a ocasionar ulceraciones y erosiones dérmicas muy peligrosas. Los peces payaso eliminan esta mucosa casi en cuanto la perciben sin dejar que se forme. Normalmente disfrutan introduciendo su cabeza y parte del cuerpo dentro de la anémona. Se frotan contra los tentáculos de forma suave o enérgica dependiendo de su estado de ánimo, y están siempre eliminando cualquier resto que encuentren en el interior del invertebrado. Cuando la anémona se cierra un poco impulsan agua por su boca como si "soplaran" para apartar los tentáculos que les impidan llegar a la zona deseada de ésta.



Alimentación:

Los peces payaso son animales carnívoros que necesitan de un ligero aporte vegetal en su dieta. En su medio natural son animales que gustan de perseguir a las pequeñas presas que constituyen su alimento. Para desencadenar estas pautas alimenticias y animar a los peces a comer es aconsejable distribuir la comida sin parar las corrientes que deben mover el agua del acuario. Esto le encanta al pez que se deja llevar por su instinto de caza y persecución.

La alimentación debe ser una mezcla de alimentos lo más natural posible: Mejillones cocidos, pescado blanco, pulpo, gambas o langostinos, berberechos, acelga y espinaca cocida. Como complemento se le puede administrar algo de comida seca de primerísima calidad, artemias adultas y gusanos tubifex.

Preliminares de la puesta:

La reproducción de este pez se produce en cuanto comienza a aumentar la temperatura del agua en su medio natural. En el acuario se puede inducir aumentando la temperatura de forma muy gradual (durante días), hasta los 28 ºC. Siempre y cuando se observe la existencia de hembras grávidas (con el abdomen prominente y redondeado) que están dispuestas para la reproducción. Si no se fuerza ésta, se producirá de forma natural en los meses estivales cuando comience a aumentar la temperatura. Sobre todo en acuarios de aficionados que vivan en latitudes con veranos más calurosos.

Cuando se desencadenan los factores que impulsan a la reproducción se suelen separar una o más parejas en zonas apartadas que incluyan una anémona de tamaño medio o grande. El nerviosismo repentino de la pareja va a modificar súbitamente la vida del acuario. La pareja se vuelve bastante belicosa y ataca con agresividad a todos los peces que invadan la zona de cría elegida. Incluso peces que comparten la misma anémona son expulsados sin contemplaciones. Los peces atacan a cualquier forma que representa la más mínima amenaza para la integridad de su puesta. Después de muchas experiencias controladas hemos comprobado que expulsan a todo tipo de pez o invertebrado que se aproxime demasiado. Llegan a atacar a los caracoles que se acercan haciéndoles cambiar de dirección después de ser molestados de forma contundente e incansable. Una de las tácticas más empleadas es dar violentas pasadas por la arena vibrando frenéticamente el cuerpo y las aletas con objeto de levantar tumultuosas bocanadas de arena y agua contra el invasor. Esto suele ser suficiente para que el intruso desista de su actitud y decida dejar en paz a estos coléricos pececillos.

La zona de reproducción se elige según unos requisitos mínimos pero siempre invariables. Tiene que estar en contacto o muy próxima a los familiares tentáculos de la protectora anémona. Tiene que ser una superficie más o menos plana o incluso puede ser aceptable algo hundida hacia adentro. Y se tiene que encontrar en posición vertical preferentemente, en una zona que no reciba una iluminación intensa.

Preparación de la superficie de desove:

Cuando los peces eligen una zona para realizar la puesta comienzan a prepararla de forma muy concienzuda y con absoluta dedicación. Los peces, tanto el macho, como la hembra, se alternan para limpiar la superficie de desove. Comienzan mordisqueando todas las algas que pueblan la piedra, para terminar con un rasurado concienzudo que deja totalmente limpia toda la zona donde se van a depositar los huevecillos. Esta actividad les puede llevar varias horas, incluso días, y no se distraen de su deber tan solo para tomar algún bocado de comida y seguir con su laboriosa limpieza.

Desove:

Una hora antes de la puesta, que suele ser al final del mediodía, las papilas genitales u oviductos, se pueden ver perfectamente. La agresividad de los peces se intensifica siendo del todo intolerantes con cualquier descuido de algún compañero del acuario.

La hembra "muy gorda" se muestra realmente nerviosa, inspecciona escrupulosamente el lugar de la puesta. Lo mira una y otra vez, como si se intentara convencer de que todo está bien y que resulta el sitio ideal para que su progenie salga al mundo. Durante los últimos minutos, la pareja se muestra muy agitada, su comportamiento llega a resultar grotesco. La hembra, apresurada por calmar los ovarios hinchados por los huevos, describe unos graciosos arabescos para incitar al despistado macho a que de comienzo el ritual reproductor.

El Dr. Gerald Allen, especialista en pomacéntridos, observa que los Amphipriones criados en cautividad tienen un comportamiento diferente al de los peces que se desarrollan en la naturaleza. Los peces payaso que viven en cautividad están condicionados por la regularidad de las comidas y los cambios de agua, por lo que el comportamiento durante la puesta se modifica de forma apreciable.

En cautividad la puesta suele comenzar sobre media tarde y se realiza siguiendo siempre el mismo ritual. Al primer contacto, la hembra roza el sustrato con la papila genital, manteniendo las aletas pelvianas abiertas y extendidas para guiarse. Inmediatamente después de esta primera pasada, el macho simula la fecundación. Sin embargo, durante esta primera fase de la reproducción no se deposita ningún huevo. La pareja necesita de un pequeño período que les permita sincronizarse en el desove y fecundación. Este periodo es mayor las primeras veces.

La hembra, bulliciosa, se desliza lentamente por el lugar de la puesta y deposita los primeros huevos, dibujando arcos o círculos concéntricos, y aumentando progresivamente su diámetro.

Puesta:

Los huevos recién puestos son de forma cilíndrica, como diminutas "alubias" de un color amarillento. Se unen sólidamente a la roca pegados mediante una ligadura adhesiva denominada manubrium. Este es un pedúnculo filamentoso flexible de un color marrón claro. El color amarillo de los huevos, en esta primera fase, responde a la gran cantidad de sustancia vitelina que forma una vesícula de color amarillo que ocupa casi todo el volumen del huevo. Cuando el embrión se desarrolla, este color pasa a un tono gris, según aumenta el tamaño del pez y disminuye el de la vesícula vitelina dentro del huevo.

La cantidad de huevos que se depositan por termino medio es de 350 a 400, dentro de una zona de unos 10 a 12 cm2., lo que da lugar a una densidad de unos 30 a 40 huevos por cm2. Estos datos obtenidos para el Amphiprion ocellaris que es el más común en los acuarios de los aficionados. Otros Amphipriones como el polymnus recubren una zona de 25 cm2. con unos 1.500 huevos aproximadamente.


Desarrollo embrionario:

Durante los seis días que siguen a la puesta se puede observar perfectamente el desarrollo de los embriones.

Durante las 3 primeras horas se produce la división de las células del blastodisco y la formación de la vesícula vitelina. En esta fase el huevo se compone de dos partes. Una zona central muy voluminosa que corresponde a la vesícula vitelina, y otra proximal donde se efectúa la división de las células que darán lugar al embrión. En esta zona está el proyecto del pequeño pez.

A las 10 horas de la puesta los blastómeros están extraordinariamente divididos y de pequeño tamaño. Es el principio de la fase que se denomina Discoblástula.

A las 20 horas de la puesta se produce una nueva fase dentro del huevo. La Discográstula. En esta fase el saco vitelino produce grandes reservas para la alimentación endógena del embrión.

A las 36 horas de la puesta se comienza a percibir la forma esbozada del futuro pez. Con un poco de imaginación se puede ver lo que está ocurriendo. La cabeza del embrión, lo que se denomina conjunto cefálico con las protuberancias oculares.

A las 48 horas de la puesta se puede observar perfectamente la zona cefálica, y los ojos se distinguen con claridad. La pigmentación celular se acentúa hacia un tono marrón.

A las 148 horas de la puesta ya se puede ver como la larva ocupa toda la cascara. Embutida en el estrecho habitáculo, se encuentra plegada. El saco vitelino tiene unas dimensiones muy reducidas debido a la alimentación endógena del embrión. La larva inquieta por salir al nuevo mundo que la espera a veces se mueve de forma convulsiva dentro del huevo y la cola se desenrolla, empezando a girar sobre si misma.

La eclosión:

Durante la noche del 8º o 9º día las larvas comienzan a moverse de forma constante lo que produce que se comiencen a liberar de la cascara opresora. El proceso dura toda la noche hasta el amanecer.

En esta fase final los cuidados paternos son extraordinariamente importantes. Los padres que han cuidado pacientemente de la puesta durante todo el desarrollo de los huevos comienzan a verse presas de una gran agitación. Como si de un instinto caníbal se tratara empiezan a chupar todos los huevos en un ansia irrefrenable de atender a todos a la vez. Esta succión tiene el objeto de facilitar que sus retoños salgan a la vida con facilidad. La succión ayuda a romper la cáscara de los huevos permitiendo así que algunos alevines más cansados por los esfuerzos de su nacimiento puedan liberarse del todo de la cáscara y nacer.

Los alevines recién nacidos inmediatamente se remontan a la superficie de la noche en busca de su primer bocado. Nacer por la noche les asegura una cierta defensa contra los depredadores en esos momentos peligrosos de sus incipientes vidas. Además, asegura que encontrarán alimento dentro del plancton que se reúne cerca de la superficie del mar durante las horas nocturnas.

Eclosión artificial:

Si el acuario marino está demasiado poblado por depredadores que pueden suponer una amenaza para los alevines recién nacidos, puede ser conveniente decidirse por la eclosión de los huevos en un acuario a parte especialmente dispuesto para este fin.

Lo más indicado es extraer la piedra donde se encuentra la puesta de huevos del acuario y pasarla al otro acuario específico uno o dos días antes de la eclosión. La piedra se separa dentro del agua con sumo cuidado y se introduce dentro de un recipiente que la mantenga sumergida, o por lo menos la parte donde se encuentra la puesta durante el traslado de un acuario a otro. No se deben poner los huevos en contacto con el aire.

Una vez en el otro acuario se coloca la puesta de forma vertical y un difusor de burbujas finas debajo de ésta. De tal modo que bañe de forma enérgica la totalidad de los huevos agitándolos.

Con esta disposición los alevines nacerán de igual modo que bajo los cuidados paternales.

Alimentación de los alevines:

La mejor alimentación que va a asegurar el correcto desarrollo de los peces es mediante la administración de rotíferos marinos. Estos microorganismos forman parte del plancton y son el alimento natural de estos peces en sus primeros días de vida. El alevín necesita este pequeño organismo durante sus primeros días porque son los únicos seres que se ajustan a las dimensiones de sus pequeñas bocas. Además, se mueven bastante, lo que desencadena en el pequeño pez el instinto alimenticio. Si se pretende poder reproducirlos es indispensable contar con este alimento para los alevines.

Los rotiferos, y en especial el género Brachoinus, miden unos 0,3 mm. de longitud y son una presa viva ideal. El cultivo de estos organismos es bastante fácil y cómodo, siendo la única dificultad disponer de la cepa inicial. Esta se puede obtener de otros aficionados, en algún establecimiento competente, o con más dificultad, mediante su captura en el mar. Las mejores zonas para conseguirlos son en lagunas de agua salobre o calas protegidas del oleaje donde crezcan gran cantidad de algas marinas. Por la noche, con una malla planctónica o un salabre fino podemos obtener esta cepa inicial que nos va a permitir su cultivo.

En cuanto los alevines crezcan un poco ya se puede alternar la alimentación a base de rotíferos y de nauplios de Artemia salina, hasta que tengan el tamaño suficiente para ingerir el alimento normal finamente triturado.

Cultivo de rotíferos:

    * Periodo de vida: 10 días.
    * Nº huevos por hembra: 3 o 4 diarios.
    * Eclosión: A las 24 horas (a 25 ºC.).
    * Madurez sexual: 2 días después de la eclosión.
    * Medio de cultivo: Botellas de plástico tapadas con algodón.
    * Agua: Agua de mar usada y previamente aireada durante 30 días.
    * Alimentación de los rotíferos: Algas flageladas o levadura natural. 


Cultivo de algas microscópicas:

También se puede cultivar fitoplacton compuesto por algas flageladas microscópicas. Se cultiva dentro de botellas de plástico tapadas simplemente con algodón, sin aireación. Se llenan de agua de mar (unos 250-300 ml.) en las que se mezclan una o dos gotas de abono líquido que puede ser el destinado a las plantas de casa (que no contenga insecticidas). Las botellas deben iluminarse de 12 a 15 horas diarias, evitando los rayos de sol. Al día siguiente el medio está disponible para meter el alga (Dunaliella, recomendada), sobre 5 ml. por botella. Estas algas no son visibles más que por el microscopio, pero después de algunos días la abundancia es tal que colorea el agua. Se distribuyen a los rotíferos varias veces al día y se intenta rotar las botellas de donde se sacan para no acabar con el cultivo. Para obtener el alga inicial se puede recolectar de zonas de aguas salobres, de las mismas zonas donde se obtengan los rotíferos o echando harina de pescado (1 gr. por cada 4 l. de agua).