Anémonas y actínias del Mediterráneo

Como preciosas flores vivas, ondulantes en el impulso de la corriente, así se mueven las anémonas absorbiendo la luz solar desde su base rocosa.

Muchos aficionados suspiran por mantener en sus acuarios marinos estos exóticos animales; y se ven impedidos por el alto coste que supone sin darse cuenta que en nuestras costas viven algunos invertebrados que pueden competir en belleza con sus lejanos parientes del arrecife de coral.  
No hay visión más armoniosa, pero a la vez más sorprendente, que un robusto y colorido pez payaso meciéndose en el vaivén de la corriente al ritmo de los rojos tentáculos de una hermosa actinia del Mediterráneo.
 

 

 

 

Clasificación:

Tipo: Cnidarios (Celentéreos)

Clase: Antozoos

Subclase: Hexacoralarios

Orden: Actinarios

Género: Anemonia, Actinia

Especie: Anemonia sulcata (Pennant), Actinia equina Linné

Distribución:

Anémona (Anemonia sulcata):

Mediterráneo y Atlántico.

Actinia (Actinia equina):

Mediterráneo, Atlántico y Mar del Norte. Aunque especies similares son casi cosmopolitas, habitando todos los mares templados y tropicales del mundo.

Hábitat:

Anémona:

Presente en toda la franja infralitoral hasta los 20 m. de profundidad. Se fija al sustrato rocoso en zonas de intensa iluminación solar.

Actinia:

Sobre rocas y grietas desde la zona de mareas hasta los 10 m. de profundidad. Prefiere zonas menos iluminadas que las anémonas y con frecuencia las encontramos en el interior de grietas y cavidades.

Variedades:

Anémona:

La Anemonia sulcata presenta cuatro variedades de coloración que responde en cierta medida a sus necesidades de iluminación y a la temperatura del agua. Encontramos la variedad de color verde intenso en el Mediterráneo, en zonas de luz fuerte, en rocas muy cercanas a la superficie. La variedad verde con los extremos de los tentáculos rosados está presente en el Mediterráneo y en el Atlántico.  
El color verde es más suave, pero el ápice de los tentáculos es de un color rosado púrpura, casi rojo, que le confiere un aspecto maravilloso. Las variedades de color marrón y morado son propias de aguas más frías. Sus necesidades de luz son menores que en las anémonas de color verde.

 

Actinia:

La Actinia equina presenta cinco variedades de coloración. Podemos encontrar dos de color rojo intenso. La de color rojo uniforme y la actinia fresa. Esta última, moteada de manchas amarillas que la dan un aspecto de fresa, es la más llamativa para su mantenimiento en el acuario. La variedad verde, de un color verde claro, prefiere zonas un poco más iluminadas. Por último, las variedades de color morado y marrón anaranjado son propias de aguas más frías.

Descripción:

Anémona:

Base ligeramente adherente y suctora, columna lisa de hasta 10 cm. de altura. Cerca de 170 tentáculos ondulantes que pueden alcanzar 15 cm. de longitud y se disponen en 6 coronas. Los tentáculos no pueden retraerse completamente. Al retirarse el agua por el efecto de la marea baja parecen pequeñas masas viscosas aplastadas sobre las rocas. Resisten la acción de los rayos solares y las inclemencias de la brisa recubriéndose de una protección mucosa muy abundante.

Actinia:

Base adherente y en forma de ventosa, columna lisa hasta 7 cm. de altura y 6 cm. de diámetro cuando está completamente extendida. Unos 200 tentáculos retráctiles densamente dispuestos, que pueden alcanzar hasta 2 cm. de longitud y se disponen en 5 o 6 coronas. Los tentáculos se retraen completamente dando un aspecto globoso a la actinia (en forma de tomate) cuando se encuentra durante la marea baja.

Estructura básica de actinias y anémonas:

En forma de bolsa rodeada de tentáculos, forma una cavidad interna recubierta de tabiques verticales en disposición radial, como si fueran las hojas de un libro, denominados mesenterios. Alrededor del cuerpo o columna, en la base de la corona de tentáculos, se encuentra el músculo esfínter principal. El músculo más robusto de la anémona responsable de la apertura o retraimiento de la boca y los tentáculos. Es como un anillo que cierra o abre la corona de tentáculos. El segundo músculo sería el retractor principal, responsable del movimiento de la base de la anémona.

Respuesta ante los estímulos:

El sistema nervioso de una anémona es muy simple y está formado por una red de pequeñas células nerviosas dispuesta de forma longitudinal de arriba hacia abajo recubriendo todo el animal. La velocidad de respuesta ante un estímulo suele ser lenta debido al pequeño tamaño de las células nerviosas. La velocidad aumenta de modo notable en torno al disco oral y hacia abajo en la vertical de los tabiques, donde quedan orientadas las mencionadas células en la dirección de la conducción del impulso nervioso. Para la anémona esto es importante, los tabiques y el borde del disco incluyen los músculos responsables de la retracción de los tentáculos y del cierre del animal. Pellizcada en cualquier punto, responde con un cierre coordinado, que se logra simplemente por tener velocidades adecuadas de conducción a través de la red nerviosa.

Encontramos también, que las respuestas musculares al tocar un tentáculo se propagan hacia fuera más fácilmente que hacia dentro. Un resultado de esto se ve en la alimentación. Los extremos externos de los tentáculos tienden a curvarse en torno a la presa y solamente entonces, aunque la víctima continúe la lucha, comienza la parte interna a contraerse y la presa pasa a través del orificio bucal. Este movimiento no termina con el atasco de la comida en el orificio de la boca. Normalmente comienzan de forma muy lenta a tragar agua y realizando movimientos peristálticos con el tronco se expanden de forma considerable. Pueden cimbrearse de un lado a otro como si estuviesen buscando más comida, después de un rato se encogen de nuevo, y finalmente, expulsan los restos insolubles de su comida a través de la boca. Incluso un día después de la ingestión.
Se ha podido comprobar que son capaces de un cierto aprendizaje, lo que se ha denominado hábitos de posición y hábitos del ciclo de las mareas. Las anémonas que son recolectadas de las caras superior o inferior de las rocas se dispersarán por el acuario en posiciones equivalentes. También, es muy probable que sigan manteniendo el ritmo de actividad relacionado con el ciclo de las mareas durante bastantes semanas. 

 


Alimentación:

En su medio natural su alimentación suele ser muy variada. Partículas en suspensión, plancton, pequeños moluscos, crustáceos e incluso incautos peces que han tenido la desgracia de acercarse demasiado y han sido víctimas del veneno paralizante del nematocisto.

En el acuario se las puede alimentar con Artemia salina, almejas, gambas, mejillón cocido, pescado blanco, plancton liofilizado y alimento seco para invertebrados. Lo mejor es alimentarlos cuatro veces a la semana. Mediante unas pinzas de plástico o una varilla de aluminio se les pone la comida directamente en la boca.

En el caso de animales que llevan largo tiempo sin alimentarse y se encuentran, por lo tanto, retraídos; es necesario comenzar con una alimentación forzada introduciendo trocitos de comida por el centro de de la apertura bucal aunque esté cerrada. Se debe forzar un poco con firmeza pero con suavidad e introducir el trocito de alimento con una varilla de aluminio, por ejemplo. Esto se hace todos los días hasta que el animal vuelve a recuperar su ritmo de vida normal. Hay que ser paciente y perseverante para poder salvarlo.

Reproducción:

Los métodos que tienen estos animales para sobrevivir y perpetuarse son asombrosos en cuanto a su variedad. Pueden reproducirse de forma sexual o asexuada e incluso hermafrodita. En el acuario será posible que se reproduzcan por bipartición, sobre todo si son sobrealimentadas. Normalmente se comienzan a dividir en su polo basal hasta convertirse en dos animales exactamente iguales. También, puede comenzar esta división en la zona inmediatamente inferior a la corona de tentáculos, entonces se producirán dos animales de diferente tamaño.

Una forma de reproducción muy frecuente en el acuario es por expulsión de pequeños pólipos perfectamente formados por el orificio bucal. Esto suele ocurrir cuando son molestados de forma tan continuada que supone un peligro para la vida de la actinia.

De estos dos procesos de reproducción, la bipartición suele ser más frecuente en las anémonas cuando son sobrealimentadas; y la expulsión de pólipos muy común en las actinias. Por ejemplo, el primer día de su introducción en el acuario.

Captura en su medio natural:

Para realizar su recolección hay que tener en cuenta varias normas básicas que nos van a asegurar tanto la integridad de los animales, como no deteriorar el hábitat donde viven y a la vez eliminar los riesgos personales.

Antes de iniciar su captura hay que disponer del material necesario. Es conveniente conseguir bastantes bolsas de plástico perfectamente estancas (las que se utilizan para preservar alimentos congelados pueden valer). Unas gomas elásticas para cerrarlas, un cubo de plástico, un cuchillo de punta redondeada sin filo y unos guantes de goma.

Antes de comenzar la recolección es necesario localizar los diferentes sitios donde vamos a encontrar a los animales. Normalmente es suficiente con la recolección en la zona rocosa intermareal durante la bajamar. Y no es necesario realizar ningún tipo de inmersión para conseguir buenos ejemplares. De todas formas, si deseamos aunar la recolección con el placer de la inmersión, tanto a pulmón libre como con escafandra autónoma, deberemos tomar las precauciones propias de la actividad que estamos realizando.

Las actinias normalmente se sitúan en zonas oscuras y en las grietas. Las de color rojo suelen estar en posición invertida por debajo de las rocas. Las anémonas se sitúan en zonas más iluminadas, formando muchas veces auténticas praderas de tentáculos.

Las actinias se pueden coger con la mano, sobre todo cuando están fuera del agua, porque se encuentran totalmente retraídas formando una especie de tomate viscoso. Con un cuidado extremo se debe frotar con el borde de la uña la base del animal hasta que se consigue separar un poco este borde. Después se va despegando hasta que se le separa del todo. Para el caso de las anémonas se deben recolectar con guantes porque tienen un alto poder urticante que produce dolorosas picaduras en la piel. Incluso las cápsulas urticantes pueden quedar adheridas a la superficie del guante de goma y producirnos una dolorosa picadura en la cara si nos tocamos sin darnos cuenta en un acto reflejo. Las anémonas se suelen situar en cavidades de la roca y son más difíciles de separar que las actinias. Para esto nos tenemos que ayudar con la punta redonda del cuchillo con mucho cuidado hasta que consigamos separar un poco el borde basal. Después se puede separar con la mano. Es importante no rasgar la base del animal porque no sobrevivirá en el acuario.

Para su transporte es necesario introducir solo un par de ejemplares por bolsa con bastante agua. Además, si vamos a capturar otros invertebrados o peces nunca se deben introducir en la misma bolsa de las anémonas porque estas producen toxinas que van a matar a todos los animales que se encuentren en la misma bolsa. El agua de las bolsas no se debe echar en el acuario en ningún caso.

Debemos ser respetuosos con el hábitat infralitoral y capturar tres o cuatro ejemplares de cada tipo para nuestro acuario. Es muy triste que la facilidad de la captura nos impulse a coger todos los animales que podamos teniendo que tirarlos a la basura después en nuestra casa. Además, aunque estos animales sean abundantes en la zona el impacto de la captura debe ser insignificante en el equilibrio de la población.

Células urticantes:

Entre los animales pluricelulares, los nematocistos, o cápsulas urticantes, únicamente se encuentran en los celentéreos. Estos orgánulos son fabricados en células epiteliales especiales y cada uno consta de una cápsula ovoidea o en forma de puro, que contiene un filamento enrollado. Hay muchos tipos diferentes, algunos especializados para adherirse a la superficie del animal sobre el que se fijen, otros para matar y defenderse.

 


Las cápsulas que matan han sido muy estudiadas. Tocada, o estimulada químicamente por la presencia posible de comida, la cápsula se hace rápidamente permeable, desarrolla en su interior una elevada presión y bruscamente proyecta su filamento atravesando o enredando a cualquier desgraciado que se ponga a tiro. Muchos nematocistos completan su descarga exudando una gota de veneno por el extremo del filamento desinvaginado. Estas maquinarias de precisión son individualmente diminutas, muy pocas cápsulas miden más allá de un milímetro de longitud, pero su efecto colectivo sorprendentemente puede inmovilizar a peces grandes.

Actinias y peces payaso:

Es posible mantener actinias de nuestras costas con peces payaso tropicales. Los peces payaso han desarrollado una mucosa protectora que elimina el estímulo químico en la actinia de tal forma que incluso la actinia no detecta al pez y no se cierra aunque este se introduzca entre sus tentáculos. Los peces payaso pronto se acercarán a las actinias y comenzarán a introducir su cabeza entre los tentáculos como si de actinias tropicales se tratará. Su comportamiento llega a ser el normal incluso con actinias pequeñas.  
Las limpian la base, se frotan contra los tentáculos, introducen su cabeza buscando algún resto alimenticio e incluso expulsan agua por su boca para estimular a la actinia a abrirse y poder explorar entre la corona tentacular.

 

Respecto a las anémonas, su alto poder urticante impide acercarse a los peces payaso que serían pronto inmovilizados y digeridos si cayeran al alcance de sus tentáculos. Aun así, algunas veces se puede dar el caso que algún pez payaso pase cerca de los tentáculos y algunos se adhieran a su piel. El pez, fuerte y vigoroso, no se dejará atrapar y con un impulso se soltará quedando el rastro de este encuentro en forma de rayas negras en su piel que desaparecen en un par de semanas.

Se pueden mantener anémonas y actinias con peces del arrecife tropical sin que esto suponga ningún problema de compatibilidad. Lo único que hay que tener en cuenta es que se debe controlar una temperatura de unos 25 ºC que es adecuada para peces e invertebrados.

Mantenimiento en el acuario:

El principal problema para su mantenimiento en el acuario es la resistencia ante las temperaturas elevadas. Las actinias tienen un umbral de resistencia mayor que las anémonas para aguantar altas temperaturas. La temperatura máxima no debe pasar de los 29 ºC esporádicos en las actinias, ni de los 27 ºC en las anémonas. Esto supone su muerte fulminante. Para demostrar todo su esplendor no se deben mantener por encima de los 25 ºC. Si el acuario es específico para estos invertebrados y disponemos de un equipo de refrigeración se las debe mantener a una temperatura de unos 18 ºC que es la más conveniente.

En el acuario se debe crear cierta corriente de agua que agite los tentáculos de las anémonas sobre todo. Para esto, se puede dirigir la salida del filtro exterior o disponer una pequeña bomba centrífuga sumergida.

Para un buen desarrollo de los animales es necesario que la cantidad y calidad de luz sea suficiente. La luz debe ser intensa para las anémonas y de nivel medio para las actinias. Si la luz es insuficiente los animales se irán decolorando llegando incluso a convertirse en anémonas blancas, como si fueran ejemplares albinos. Las anémonas necesitan de una intensa iluminación para que las algas unicelulares que viven en su interior en simbiosis (zooxantelas) puedan mantenerse en una cantidad adecuada ya que son responsables de la síntesis de algunas sustancias resultantes de los procesos digestivos. Las zooxantelas funcionan como una especie de riñones que eliminan los productos nitrogenados de su metabolismo. A la vez son una reserva alimenticia para el animal. Dependiendo de la calidad de la luz las anémonas pueden ir cambiando su coloración y pasar de un color verde intenso a un color rosado, por ejemplo. Esto es debido a la preponderancia de unas u otras algas simbiontes.

Enfermedades y problemas:

Bastantes son las causas que pueden llevar a la muerte a estos frágiles animales.

Contaminación del agua: El animal se retrae y muere en pocas horas.

Anomalías en la iluminación, temperatura, salinidad, etc.: El animal comienza a perder sus tentáculos y va decayendo en una progresiva agonía que lo lleva a una muerte segura en varias semanas.

Alimentación insuficiente: El animal se retrae y no vuelve a abrirse. Se va consumiendo poco a poco hasta que muere. Puede durar meses.

Temperatura elevada: Mueren en pocas horas. Se deshacen literalmente en el agua.

Cuando un ejemplar muera habrá que sacarlo inmediatamente para que no contamine el agua porque se descomponen rápidamente si no tenemos esta precaución.

Algunas veces, en aguas demasiado envejecidas las actinias presentan un exceso de mucosidad, sobre todo en la base del tronco. Si se acumula demasiado llegando a formar un anillo constrictor se debe eliminar de forma manual para evitar posibles infecciones en el animal.